Los organismos competentes, Confederación Hidrográfica del Ebro y Gobierno de Aragón, han dado hoy un paso más en su irresponsable huida hacia adelante en relación con la problemática de la urbanización El Molino de Castiello ante las crecidas del río Aragón.
La CHE ha confirmado la obra que va a realizar para "proteger" personas y edificaciones... ¿El qué va a proteger? ¿Es que se va a permitir reconstruir y rehabitar la urbanización? En fin, 1,5 millones de euros tirados, más el incumplimiento de la directiva de inundaciones, lo cual podría, y debería, acarrear una buena sanción desde Europa.
¿Y cómo lo va a realizar? Pues saltándose a la torera todo el procedimiento de evaluación de impacto ambiental, para lo cual el Gobierno de Aragón (INAGA) va a hacer que las actuaciones en el río "sean
compatibles", lo cual significa que realmente las declaraciones de impacto ambiental salen como da la gana que salgan y no en función de los impactos o de los valores ambientales en juego.
Una vez más los poderes político-económicos se van a salir con la suya, van a causar un desastre en el río Aragón, van a tirar dinero público, van a incrementar el riesgo de cara a la próxima crecida que tenga el río, que volverá a dejar cada cosa en su sitio.
Una cosa sí hay que agradecer a la CHE y al INAGA: que nos pongan en bandeja otro ejemplo de lo que no hay que hacer, ideal para la docencia sobre una gestión irresponsable, porque estos graves errores van a resultar un magnífico caso de estudio, como ocurriera con la catástrofe de Biescas, para el aprendizaje de estudiantes de todo el mundo.
Estas fotos las he realizado hoy, 15 de noviembre de 2012
Ríos, ramblas, torrentes... son sistemas naturales complicados, cambiantes, libres, enormemente diversos y, por tanto, apasionantes. Hay que defenderlos de innumerables agresiones porque son lo más valioso que tenemos y al mismo tiempo lo más dañado.
jueves, 15 de noviembre de 2012
martes, 13 de noviembre de 2012
Muchos de nuestros cursos
fluviales se encuentran muy deteriorados por acción humana. Todos los elementos
del sistema fluvial sufren los efectos de las presiones, pero los elementos
hidromorfológicos no solo sufren con elevada intensidad dichos efectos, sino
que además están sometidos a una generalizada ausencia de conocimiento,
sensibilidad y valoración por parte de la sociedad y de los propios gestores
del territorio, lo cual los convierte en más vulnerables. Es un hecho que el
agua y los sedimentos, como elementos simples, no gozan de la misma valoración
que los seres vivos, por lo que muchas veces no preocupa en absoluto actuar de
forma indiscriminada en su perjuicio. Esto constituye un gravísimo error, no ya
solo por el valor intrínseco indudable que agua y sedimentos tienen, sino
además porque agua y sedimentos son las variables clave en el funcionamiento
fluvial, y de ellas, de su buen estado, dependen todas las demás, y
especialmente los seres vivos. Lamentablemente, ni siquiera un documento
avanzado como la Directiva Marco Europea del Agua otorga a los elementos
hidromorfológicos el valor clave que tienen.
Las alteraciones hidrogeomorfológicas
de los ríos tienen su origen en un desarrollo
socioeconómico asentado en actividades que consumen agua, sedimentos (“áridos”)
y territorio (espacio fluvial), y en una sociedad que prefiere vivir junto a
los ríos en situaciones de riesgo exigiendo seguridad frente a inundaciones y
estabilidad frente a la dinámica fluvial, una sociedad además inmersa en modas
y modelos urbanos que la alejan de los valores de naturalidad (es muy
significativo, por ejemplo, el desprecio social por las gravas a la vista y los
cauces secos). Esto implica una demanda continua y creciente de actuaciones
sobre los cauces, generalmente “duras” por creerlas más eficientes y rápidas, ejecutadas
con una despreocupación absoluta hacia las funciones y funcionamientos geomorfológicos.
Y las administraciones competentes se muestran habitualmente favorables a estas
demandas. El resultado es el deterioro creciente, en muchos tramos
irreversible, de estos sistemas naturales.
Los impactos hidromorfológicos de nuestros ríos modifican los caudales
hídricos y sólidos y alteran tanto los procesos como las formas, manifestándose
en ocasiones diferidos en el tiempo. Las principales alteraciones pueden
clasificarse en cinco grandes grupos:
a) Impactos causados por desnaturalización hidrológica. Los embalses producen graves alteraciones al reducir caudales por derivaciones y por incremento de la evaporación desde su vaso, al modificar el régimen hidrológico aguas abajo regularizándolo y al reducir el número de crecidas ordinarias. Al modificarse el caudal cambia la potencia y competencia de la corriente y con ello se modifican los procesos de erosión, transporte y sedimentación, adaptándose a la nueva situación la morfología y las dimensiones del cauce. Los casos más extremos corresponden a los cortocircuitos hidroeléctricos en los que quedan prácticamente en seco tramos fluviales que pierden totalmente su dinámica geomorfológica, convirtiéndose en cauces fosilizados, incapaces de movilizar los sedimentos.
b) Impactos generados por reducción de flujos
sedimentarios, retenidos por presas, vados, vías de comunicación, etc.
El déficit sedimentario origina fundamentalmente incisión, y también cambios en
la forma general del cauce, siendo responsable de tendencias como la
desaparición de los cauces trenzados y su sustitución por cauces únicos. En
ríos sinuosos y meandriformes el déficit de sedimentos provoca también incisión,
pero acompañada de incremento de la sinuosidad, que se explica principalmente
por la colonización y maduración vegetal de los lóbulos de meandro. Así, las
barras de sedimentos no son ya movilizadas, mientras la vegetación que las
coloniza conduce el flujo contra las márgenes cóncavas incrementando su
erosión.
c) Impactos
debidos a la reducción funcional de la llanura de inundación, cuya función
laminadora y de disipación de energía es alterada por infraestructuras y usos
del suelo que modifican su morfología y su funcionalidad. Los diques o motas
evitan parcialmente los flujos desbordados, pero aumentan la velocidad de la
corriente, acelerando los procesos de erosión lineal y lateral e incrementando
la peligrosidad aguas abajo, en la margen opuesta o allí donde la crecida rompa
la defensa. También favorecen que la crecida se transmita rápidamente a través del
freático, inundándose espacios alejados del cauce menor. En la fase de descenso
de caudal se acumulan los sedimentos en el propio cauce, ya que la decantación
sobre la llanura de inundación ha sido imposibilitada al evitarse el desbordamiento.
En consecuencia, hay modificaciones en forma, granulometría y distribución de
los depósitos sedimentarios tanto en el lecho como en las márgenes. En los
puntos en los que haya cedido la defensa rompiéndose se originarán fuertes
socavaciones por entrada brusca de agua en la llanura de inundación, así como
pequeños abanicos de sedimentos caóticos. Este tipo de procesos puede
registrarse también aguas abajo allí donde la corriente alcance un sector no
defendido.
d) Impactos
por acciones directas (canalizaciones, defensas, dragados, extracciones) sobre
la forma del cauce, fondo y márgenes. Sus efectos son muy intensos
localmente, con importantes repercusiones también aguas abajo que se
manifiestan en el tiempo con bastante celeridad. Los dragados y extracciones
también repercuten aguas arriba por erosión remontante. La pérdida de
naturalidad en un cauce es una pérdida de patrimonio natural y de
geodiversidad, poniéndose en peligro la dinámica fluvial y el buen estado
ecológico. Generalmente se tiende a reducir la complejidad natural del trazado,
transformando el cauce en un simple canal de desagüe. Ello implica un incremento
de la pendiente y de los procesos de incisión en el fondo del lecho. Los
sedimentos se evacuan con facilidad por el centro del canal, pero pueden quedar
colgados depósitos laterales. Pueden registrarse cambios importantes en la
ubicación de la sucesión de resaltes y pozas. En general, el constreñimiento de
la dinámica lateral provoca incrementos en la longitudinal y vertical, con efectos
de incisión. Sin embargo, en tramos fluviales con tendencia a la acreción o
colmatación, se ha observado que esta tendencia suele acentuarse al ser
constreñidos por las defensas, ya que la corriente tiende a sedimentar y se ve
forzada a hacerlo en menor espacio, elevándose el cauce.
e) Impactos
por deterioro de la continuidad, anchura, estructura, naturalidad y
conectividad del corredor ribereño. En general, la dinámica
geomorfológica se acrecienta si se deteriora la vegetación ribereña. Las aguas
desbordadas penetran con mayor facilidad abriendo canales de crecida y
generando depósitos de material grueso y escarpes dentro del corredor. Si no
hay vegetación los materiales finos se sedimentan con mayor dificultad,
incrementándose la turbidez de la corriente. Se aceleran los procesos de
erosión en las orillas. El deterioro vegetal puede favorecer que troncos y
ramas se incorporen a la corriente e intervengan en los procesos de
sedimentación.
Estas alteraciones puedes ser
diagnosticadas y evaluadas y puede llevarse a cabo un seguimiento de sus
efectos a través de protocolos de observación geomorfológica e índices.
viernes, 9 de noviembre de 2012
En
relación a las labores iniciadas por la Confederación Hidrográfica del Ebro el
25 de octubre de 2012 para “recuperar” el cauce principal del río Aragón en
Castiello de Jaca tras la crecida, el Centro Ibérico de Restauración Fluvial
manifiesta:
-Que las actuaciones
planteadas e iniciadas (el cierre artificial de un cauce del río y la apertura
de otro, protección de márgenes y retirada de sedimentos del cauce), al margen
de su dudosa efectividad, suponen el destrozo irreparable del cauce natural del
río Aragón y de sus ecosistemas asociados. Pretenden “invalidar definitivamente”
un desvío natural de un río que simplemente ha demostrado cuál es su cauce. Son
actuaciones radicalmente contrarias a los principios de las directivas europeas
del Agua (2000) y de Gestión de los Riesgos de Inundación (2007), incumpliendo
también el Real Decreto 903/2010 de Evaluación y Gestión de Riesgos de Inundación.
-Que dichas
actuaciones se han acogido al protocolo de “obras de emergencia” para no pasar
ningún tipo de control ni evaluación ambiental.
-Que, por mucho que se
actúe con las obras iniciadas, cuando acontezca otra crecida extraordinaria el
río volverá a tomar el camino más directo, que es el del cauce situado bajo la
urbanización, que seguirá estando gravemente expuesta.
-Que actuar contra el
río con defensas no va a solucionar, por tanto, el problema de la seguridad de
las personas y bienes, por lo que habría que proceder a ordenar la zona
inundable y reducir en ella la exposición humana, como exigen las citadas directivas
europeas. Que la urbanización “El Molino” está ubicada dentro del río, en
Dominio Público Hidráulico, y por tanto debería ser inhabilitada y expropiada,
y no habría que invertir ningún dinero público en su defensa. El Real Decreto
203/2010 recomienda retirar construcciones o
instalaciones que supongan grave riesgo, para lo cual su expropiación tendrá la
consideración de utilidad pública. El texto refundido de la Ley del Suelo (RDL
2/2008) señala en su artículo 12 que los terrenos con riesgo de inundación
deben ser preservados de su transformación urbana y declarados suelo rural.
-Que como ciudadanos no
podemos admitir que el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio
Ambiente, a través de la Confederación Hidrográfica del Ebro, en lugar de velar
por la seguridad de las personas, trabajar por la calidad ambiental, gestionar
con responsabilidad las zonas de riesgo y hacer cumplir los principios de la
Directiva Marco del Agua y de la Directiva de Gestión de los Riesgos de
Inundación, esté vulnerando muy gravemente los principios fundamentales de
dichas directivas, manteniendo una situación de riesgo. Con esa vulneración,
que puede ser objeto de sanción desde la Unión Europea, se engaña a la
ciudadanía y se da un mal ejemplo de actuación.
Por
todo ello, solicitamos la paralización de las obras y la búsqueda de soluciones
de ordenación territorial que sí son seguras, cumplen la ley y pueden ser
evaluadas ambientalmente.
En
Zaragoza, a 26 de octubre de 2012.
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